“Jamás había visto tanta bondad ”

Janeth Márquez, Directora de la Caritas Venezuela

 

LA CRISIS ES FUERTE, ASÍ COMO LA DESNUTRICIÓN Y EL PALUDISMO, pero también abunda la solidaridad en la Venezuela de Nicolás Maduro.

SEGÚN CÁRITAS EN VENEZUELA 41% de niños de 1 a 5 años sale a mendigar comida o buscar alimentos en la basura

 

CARLOS ZAPATA* / Vatican Insider.-  Como una botica, como le llamaban a las farmacias antiguamente. Así está la sede de Cáritas Venezuela, en Montalbán, junto a la casa de la Conferencia Episcopal. Allí lucen anaqueles repletos de medicinas, tan repletos como las necesidades de los miles que acuden al sitio en busca de ayuda. Ahí mismo, desde hace décadas, Janeth Márquez no deja de socorrer a los más necesitados. Pero desde hace un año, el trabajo de la asociación entró en una nueva fase, en su afán por ganarle la lucha a la muerte. Pero en medio de la tragedia, también hay razones para la esperanza.

 

 

“En la crisis hablamos de todo: de la gente que mata, de la gente que se vuelve miserable, también hablamos de la droga y de la corrupción o de los desastres que ambos causan. Pero es muy complicado hablar de la solidaridad y las bondades que salen”, sostuvo Márquez en conversación con Vatican Insider.

“Y la bondad es parte crucial para Cáritas, porque la gente nos ayuda a ayudar. En los 28 años que tengo yo trabajando aquí, jamás había visto tanta bondad, tanto voluntariado, tanta entrega desinteresada y tanta gente dispuesta a ayudar”, indicó.

En octubre se cumplirán doce meses con el nuevo proceso de trabajo, al que les ha llevado la crisis venezolana. Allí, la realidad local de escasez de alimentos y medicinas les ha obligado a trabajar de un modo distinto a sus pares de Latinoamérica.

Más de un millar de personas visitan sus oficinas para obtener gratuitamente las medicinas que no consiguen a ningún precio en las farmacias. Y dado que el traslado de medicamentos ahora es imposible legalmente en el país, se ha convertido en una de las pocas soluciones.

Literalmente, las treinta oficinas con que cuenta la Iglesia en las diócesis del país, son también farmacias ambulantes. “Las medicinas que les llegan a su sede en Caracas, Montalbán, junto a la sede de la Conferencia son recibidas, procesadas y repartidas, con ayuda de médicos y especialistas”, confirmó.

La distribución no es menos complicada. Pero también en ello cuentan “con una suma de bondades por aquí. Las personas que van a la casa de retiros, o a sacerdotes, o amigos, nos dan una mano para los traslados”. Normalmente no los movilizan con particulares, sino en vehículos en los cuales llevan toda la acreditación, la cual indica de manera muy detallada lo que hay en las cajas de medicinas y las especificaciones de los traslados: van desde la Cáritas Caracas hacia la de San Fernando de Apure, (5 horas de viaje por carretera) por ejemplo”.

Los controles son estrictos en las muchas alcabalas que abundan en el país, pero en general “los guardias no se han metido con eso”. De hecho, Márquez sostiene que “así como a veces se ve lo negativo de la policía, de la guardia y de mucha gente, nosotros también vemos cosas positivas de sus funcionarios, porque en el fondo ellos saben que la cosa está muy complicada en todo el país”.

Sin embargo, dejó claro que “las bondades dependen más de las personas que de las instituciones. Y a veces vamos con maletas llenas de medicamentos y no falta quien revisa con la intención de quitarlas o detenernos. Pero yo siempre les digo: ‘Si usted nos lo quita, fue usted, no la institución’. Y eso que nos quita le puede estar quitando la vida a alguien más”.

“Aquí llega de todo: chavistas, opositores, radicales, abstencionistas y personas de cualquier tendencia política o religiosa. Pues el hambre no tiene color, y nosotros no discriminamos en Cáritas por temas de ideología o raza. Quizá es por eso que nos respetan”, explicó.

No obstante, las pruebas son frecuentes. “Una vez nos pasó que una de las personas más pobres que estaban en el tema de revisar maletas en el aeropuerto, fue la que nos mandó a la gente del SENIAT (El órgano recaudador de impuestos y encargado de controles específicos).Y al señor del SENIAT le mostramos en detalle para quién iba cada tratamiento: sabíamos con nombre y apellido cada caso. Este es para el señor Luis; aquel va para el señor Pedro. Comenzamos a contar cada historia, porque las conocemos”.

“Cuando íbamos a mitad de caso, diciendo: al señor Luis le pasa esto… Nos interrumpían amablemente con aquello de: ‘Cierre la maleta y siga’, o algo como: ¡Dios los bendiga! Cuando la señora nos vio, le dije: Usted se hubiese ganado el cielo fácilmente. Ella nos contestó: Es que a mí no me toca… Y le repliqué: sí te toca. Si tú ves que no es droga y te estoy mostrando una carta oficial donde dice que somos una institución con reconocimiento internacional y que tenemos el permiso legal además para llevar medicamentos, en un país que tiene crisis, ¿por qué no nos dejan pasar?”, cuestionó.

Y subrayó: “Ellos saben tanto como nosotros lo que está ocurriendo: no hay comida, no hay leche, no hay medicamentos. Yo no le estoy diciendo que me deje pasar drogas. Igual fue una persona en medio de un mar de gente que siempre nos dice: ¡pase!”.

Consultada acerca de lo que más le ha impactado en este año, dijo que es el incremento en el número de personas que acuden a pedir una urna para enterrar a su muerto. Y que cuando se les consulta la causa de la muerte, para poder apuntarlos en los registros estadísticos, la respuesta muchas es veces es: “¡Murió de hambre!”.

Pese a la crudeza de la mayoría de las historias, saca tiempo para sonreír y sobreponerse, al tiempo que destaca la necesidad de que los jóvenes permanezcan en el país y dejen de huir de la nación en busca de rumbos mejores. “Acá en el país los necesitamos para ayudar y para reconstruir. Si todas las manos se van, ¿con qué trabajaremos?”, siguió.

“Siendo la crisis tan dura, tan dura, cuando uno hace las ollas comunitarias, lo más hermoso es ver cómo los más pobres llevan algunas papas, o un ocumo; cómo la gente pobre se saca 1 kilo de su bolsa Mercal para dárselo a uno. Cuando hacemos recolectas para un almuerzo comunitario sorprende de la manera bonita evidenciar cómo todavía sabiendo que soy tan ‘re-pobre’ que no me alcanza lo que tengo para alimentar a mi familia el mes, yo estoy sacando algunos kilos de lo mío para darle a otro que está aún peor que yo. Eso yo lo he visto y es verdaderamente impactante”, estableció.

Confía en que la ayuda cada vez mayor de la gente y las alianzas logradas con UNICEF o “Médicos Sin Fronteras” para hacerle frente a enfermedades hasta hace un lustro erradicadas, sirvan para mejorar las condiciones de los venezolanos y su supervivencia. También mantiene el optimismo en que la autorización del gobierno nacional para permitir la entrada de medicamentos específicos para el paludismo, permitirá mitigar los daños de esta enfermedad mortal que cerrará el año con más de medio millón de venezolanos afectados.

La flexibilización parcial del gobierno del presidente Nicolás Maduro fue una sorpresa que ocurrió tras una serie de reuniones con funcionarios del alto mando, entre los que figuró el vicepresidente Elías Jaua, quien habría discutido en un par de ocasiones previas el tema del canal humanitario con el presidente de los obispos, Diego Padrón.

No obstante, la relación entre la Iglesia y el Estado sigue siendo particularmente difícil, por lo que cualquier acercamiento “para salvar las vidas de las personas” se hará lejos de las cámaras y sin etiquetas.

* Periodista y ex editor del Diario Católico de Venezuela.  

 

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