“Hay una metástasis de corrupción”

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

 

Monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales, Arzobispo Emérito de Los Teques, es tachirense  de Pregonero. Actualmente de retiro, pero políticamente activo sobre todo en las redes sociales. Nació el 26 de junio de 1932, cuenta con 84 años de edad.

 

ESPERANZA MÁRQUEZ / Tal Cual.

Monseñor Pérez Morales últimamente cuando da sus opiniones sobre la política en Venezuela lo he visto ¿Muy agresivo?

El término “agresivo” es un término relativo que depende de las situaciones. Hay situaciones y situaciones de particular gravedad en la cual uno las enfrenta no con la frialdad de la normalidad sino con cierta pasión ante lo serio y lo grave de la misma. Y por otra parte, en mi caso, yo como Obispo no quisiera entrar en una seria de cuestiones en las cuales uno moralmente tiene que entrar también por el carácter de las circunstancias.

Hay gente que se queja de que los curas se meten en política.

Yo he dicho que de parte de la representación oficial o institucional de la Iglesia, léase, la Conferencia Episcopal, el Episcopado o nosotros Obispos no podemos marginarnos de abordar algunos temas que son de naturaleza política porque tocan el interés de la ciudad, de la convivencia, del pueblo y tienen que ver con cuestiones de tipo moral como las violaciones graves de Derechos Humanos, la intolerancia institucionalizada, las marginaciones programadas que son cosas ante las cuales uno tiene que reaccionar.

No se puede pretender que nosotros permanezcamos mudos en las situaciones en las cuales el Señor nos reclama orientar y contribuir a la búsqueda de soluciones que estén compatibles con la dignidad de la persona humana.

¿La Iglesia está en contra del socialismo?

En la situación del país el Episcopado ha tomado posiciones muy claras, muy firmes frente al proyecto oficial que se está tratando de llevar a cabo: Socialismo Siglo XXI, Plan de la Patria, un proyecto socialista, pero no cualquier socialismo, es un socialismo a la marxista y de tipo del socialismo real. Este tipo de socialismo no es un genuino socialismo porque el socialismo dice que es participación, distribución del poder en la ciudad, el empoderamiento de las bases, pero históricamente estos regímenes tienden a una concentración del poder y vienen a caer en una especie de estatismo marcado y a veces hasta feroz en una súper concentración del poder, con una tendencia al culto de la personalidad, a la autosuficiencia de cierta dirigencia lo cual no se corresponde con los ideales genuinos del socialismo en cuanto tal. Entonces el proyecto que se trata de llevar a cabo es un proyecto de concentración de poder, de estatización completa.

Pero el gobierno dice que el pueblo cada vez participa más y ahora pone como ejemplo los Clap. 

Pensemos lo que significa solucionar el problema alimentario de la gente con este sistema de los Clap donde el Estado asume la compra y distribución de alimentos y tiende a convertirse en el gran proveedor y eso no está hecho de una manera angelical, sino que se hace con un criterio de exclusión a los que no están alineados con el proyecto oficial.

Dicen que cada vez el pueblo está cada vez más empoderado porque el gobierno no acapara los alimentos sino que se lo dan a los consejos comunales y ellos son los que deciden.
Una organización popular verdaderamente tal es un empoderamiento real de las bases no simple correas de transmisión de un centro de poder que es completamente diferente.

Qué cosa buena fuera un real poder comunal, pero que sea de las bases mismas, de las comunidades y que no estén clasificadas de antemano como las que están por o a favor del partido o a favor del gobierno o contra el gobierno contra el partido. Si fuera así habría que saludarla porque uno de los principios que hay en la Doctrina Social de la Iglesia con respecto a la organización social es el principio de la subsidiaridad, es decir, que lo que pueden hacer los cuerpos intermedios no lo haga el nivel superior, que lo que puede hacer una entidad pequeña no lo asuma una entidad más grande. Lo que se puede hacer desde las comunidades no tiene por qué asumirse desde un Estado o a nivel de la nación.

¿A qué lleva este proyecto de los Clap, por ejemplo?

A una desconcentración del poder, pero en realidad es un proyecto de tipo monopólico, estatizante, en el socialismo real las organizaciones que, aparentemente, son desde la base son correas de transmisión de un poder central, de tal manera que una comuna que no se ajuste a la línea del partido o a la línea oficial es excluida del proceso de distribución de alimentos.

Las bases son gestionadas desde arriba, desde organismos oficiales que las controlan, las mentalizan, les inculcan una determinada visión política, ideológica y entonces según se adapten o no reciben apoyo oficial o la marginación oficial.

Por eso, por la naturaleza de un proyecto así el Episcopado desde el 2007, desde que se planteó la reforma de la Constitución reaccionó y dijo que eso era moralmente inaceptable y eso va contra la Constitución.

Monseñor ¿Usted diría que este gobierno está manejando a la gente a través del hambre? 

¡Claro! Y eso es violatorio de los DDHH fundamentales y es incompatible con lo que se está llevando a cabo y cuando uno lee el preámbulo de la Constitución y sus principios fundamentales existe una contradicción con lo que se está llevando a cabo con este proyecto, la Constitución afirma a Venezuela como un Estado plural, pluralista, democrático, participativo y en el proyecto oficial están descartados ya que se tiende a la concentración del poder y a una homogenización de la mente, porque no sólo se busca el control político como lo suelen buscar las dictaduras, que no hayan disidencias que molesten al gobierno, que no les constituyan ninguna oposición, que no le pongan trabas a los proyectos de tipo político, pero con respecto a la cuestión económica no se meten a un monopolio de la economía del país ni a una estatización de la economía. En un proyecto de estos se tiende a la concentración de la actividad económica en manos del Estado que es el único propietario, el único distribuidor, el único importador, la concentración completa de lo económico.

¿Cómo queda lo ético cultural, el libre pensamiento? 

Se tiende a un pensamiento único en lo que se refiere a lo ético cultural, a la mente, a las expresiones del pensamiento, al pluralismo de ideas, a la diversidad religiosa, a la manera de hacer el arte, la manera de hacer la historia todas esas expresiones del pensamiento. Que toda la gente se conforme con el modo de pensar del régimen o de una cierta vanguardia iluminada que cree poseer la llave la historia, del sentido de la historia y del futuro de la historia. Ahí no hay campo para una diversidad cultural, a una disidencia cultural o artística, no hay campo para una libertad de expresión o de comunicación.

¿Qué es lo que desde el punto de la Iglesia se quiere?

Una convivencia plural, que tengan campos de acción las diversas maneras de pensar en lo político, en lo ideológico, en lo religioso, en la manera de enfocar la historia, de concebir el arte.

Una sociedad en la cual se de campo a la iniciativa de los particulares y de los grupos sociales no para hacer cualquier cosa según la ley de la selva, el Estado tiene que intervenir, pero no para monopolizar sino para ejercer algunos controles por el bien común, pero dando ánimo y estímulo a la iniciativa privada, a un mercado que se maneje con libertad, con responsabilidad y con controles sociales y del Estado.

Además de lo económico estamos viviendo una descomposición moral. ¿A qué se debe?

Lo dijo Juan Pablo II, la pobreza viene siendo no solamente fruto de insolidaridades, sino que cuando llega a ciertos niveles llega a convertirse como un caldo de cultivo de degradación moral. Imaginemos a personas que para poder comer tengan que abusar de otras personas, abultando los precios haciendo daño a las personas que están al mismo nivel social; o estar buscando en basureros o irrumpir en alguna casa para buscar algún alimento para los hijos. Es decir que las situaciones de miseria inducen a una relajación de tipo moral. Igual que la violencia que puede ser fruto de una descompostura moral.

La corrupción en Venezuela ha llegado a unos niveles inimaginables. 

Hay una metástasis de corrupción porque no es solamente a los niveles grandes que se dan casos de corrupción, sino que eso va penetrando a todos los niveles y entre los civiles y los militares. La corrupción siempre ha existido, pero se ha recrudecido en los últimos tiempos por falta de una división de poderes que son los que ejercen controles para que no pase de determinado nivel y mientras se ponga todo en manos del Estado la corrupción tiende a proliferar.

¿El Episcopado ve soluciones?

Ahorita se están cerrando los canales que una sociedad tiene que tener para su dinamismo y su marcha adecuada, mecanismos de tipo electoral, etc. Yo veo que lo que hay es la urgencia de la conformación de un gran encuentro o frente de lo político partidista de la sociedad civil para presionar un cambio que el Episcopado venezolano lo ha formulado que es la necesidad de un cambio en la dirección política del país. Ahora, en el cómo el Episcopado no se mete porque no es un operador político, se ve la necesidad de eso, se anima a eso, pero no está para lanzar determinados caminos o vías o modos, no está llamado a lanzar proyectos determinados, pero sí a animar la elaboración de proyectos.

Cuando los curas mencionan la necesidad de la actuación de los militares casi siempre se les califica de golpistas.
Lo que se quiere es una Fuerza Armada fuerte, bien organizada, acorde con los lineamientos de la Constitución, en resguardo de la soberanía nacional y que tenga la simpatía de la nación. La Iglesia lo que quiere es una convivencia en la cual tengamos cabida todos.

Una sociedad polifónica y policromática, de diversos colores, de diversas tendencias, de diversas ideologías y con campo libre para expresarse, con respeto a las minorías, con respeto al pluralismo. Los militares se deben a la República, a la Constitución, a la sociedad y no se deben a un gobierno ni a un partido ni a un presidente. Se deben al Estado, a la sociedad y por lo tanto tienen que mantenerse dentro del marco institucional constitucional. Un cambio requiere que haya un respaldo de la institución castrense, que se cuente con ellos en la defensa de la Constitución, en la defensa de soluciones pacíficas y , por tanto, se tiene que tener presente la institución armada y contar con el respaldo constitucional, que es su deber. Uno quiere ver unas Fuerzas Armadas que tengan las simpatías de la población y no una Fuerza Armada como la policía política del régimen o como gendarmería al servicio de un proyecto político.

Esperanzado

Estoy esperanzado y creo que hay suficientes reservas, que será un cambio político no para la revancha sino para el progreso. Tenemos que tener un país que sea como un hogar grande, como una casa grande. Donde no a pesar de, sino precisamente con nuestras diferencias convivamos, que nos respetemos, y que busquemos juntos el bien común.

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