“El daño que hacemos …”

TODAVÍA LAS CIENCIAS por sí, naturales y físicas, “no son suficientes para entender el misterio que cada persona contiene en sí”.

INVITÓ A LOS CATÓLICOS a arrepentirse «del mal que estamos haciendo a nuestra casa común», de «nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones».

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

IACOPO SCARAMUZZI.- El Papa invitó a los católicos a arrepentirse «del mal que estamos haciendo a nuestra casa común», de «nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones».

En el mensaje para la segunda «Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación» también invitó a todos a una «conversión ecológica», tanto en los gestos cotidianos como en la política y en la economía, en la sociedad y en la cultura, porque «la tierra grita» por los «sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente».

«En este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el Creador», escribió el Papa en el mensaje dedicado este año al tema «Usemos misericordia con nuestra casa común». Francisco propone «un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia», corporales y espirituales, «añadiendo a cada una el cuidado de la casa común».

«En el 2000, también un Año Jubilar —recordó el Papa—, mi predecesor san Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos.

En este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un “deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita” —prosiguió, citando al Patriarca Ecuménico Ortodoxo Bartolomeo—, y como partícipes de un sistema que “ha impuesto la lógica —según expresó él mismo en su discurso a los movimientos populares, con los que se reunió en Bolivia en 2015— de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza”, arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común».

El planeta, recordó el Papa, «sigue calentándose, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más». Entre las consecuencias de este fenómeno están la sequía, las inundaciones, los incendios y además «la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos». «Los pobres del mundo —denunció—, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos».

La consecuencia del arrepentimiento, escribió el Papa, debe ser la de «cambiar de ruta» y cambiar el estilo de vida: «Y esto —explicó— debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas. No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones “provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente” y refuerzan “un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo”».

En general, «la economía y la política, la sociedad y la cultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, estas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la Creación».

El Papa subrayó un caso concreto al respecto, el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo: «Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible». El Papa también expresó su satisfacción por los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por los países del mundo en septiembre del año pasado y la aprobación, en diciembre del mismo año, del Acuerdo de París sobre el cambio climático, que ahora debe ser puesto en práctica, subrayó, tanto por los gobiernos como por las empresas y por los ciudadanos.

En su mensaje, el Papa resaltó el constante compromiso ecuménico y, en particular, la atención del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla a favor de los temas ecológicos, y exhortó: «Cristianos y no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común (la tierra) y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión».

El mensaje del Papa fue presentado hoy en el Vaticano por el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, que hasta ayer era el presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y ahora se ocupará del recién nacido dicasterio vaticano para el Servicio del desarrollo humano integral.

También participaron en la presentación mons. Brian Farrel, Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de los Cristianos, y Terence Ward, autor del libro ‘El guardián de la Misericordia’. Texto completo

 

“El misterio de la existencia humana”

EL SANTO PADRE FUE AL CIERRE del congreso mundial de cardiología que se realiza en Roma, con más de 35 mil especialistas de 140 países

Francisco “recetó” Misericordina

ZENIT. – El papa Francisco se dirigió al Congreso mundial de cardiología, que se desarrollado en la Feria de Roma, a pocos kilómetros entre la capital,y  a mitad camino hacia el aeropuerto Leonardo Da Vinci, en Fiumicino.

El congreso que inició el 27 de agosto reúne a 35 mil especialistas de 140 países.

El Papa les señaló que “el hombre de ciencia, mientras se mide con el gran misterio de la existencia humana, no debe dejarse vencer por la tentación de sofocar la verdad”.

“Sabemos que también que el científico en sus descubrimientos nunca es neutral”, advirtió. Porque “él lleva consigo su historia, su modo de ser y pensar”, dijo.

E invitó a cada uno a tener “una especie de purificación, que mientras aleja las toxinas que envenenan la razón en su búsqueda de la verdad y de certezas, lleva a mirar con mayor intensidad la esencia de las cosas”.

Porque no es posible negar que el conocimiento, aun el más preciso y científico, “tiene necesidad de progresar interrogándose y encontrando respuestas sobre el origen, el sentido y la finalidad de la realidad, con el hombre incluido”.

Todavía las ciencias por sí, naturales y físicas, “no son suficientes para entender el misterio que cada persona contiene en sí”.

“Si se mira al hombre en su totalidad –dice el Santo Padre que se disculpa de insistir en este tema– se puede tener una mirada de particular intensidad hacia los más pobres, necesitados y marginados”, de manera que también a ellos “les lleguen vuestras curaciones, como la asistencia y la medicación de las estructuras sanitarias públicas y privadas”.

Reconoce que los cardiólogos que con su preciosa actividad contribuyen a curar el cuerpo enfermo, al mismo tiempo tienen la posibilidad de verificar que hay leyes impresas en la misma naturaleza que nadie puede alterar, sino solamente “descubrir, usar y ordenar”, porque la vida corresponde a las más altas intenciones del Creador.

Al despedirse el Papa señaló su aprecio por el trabajo que los cardiólogos realizan y pidió al Señor que bendiga la investigación y curaciones médicas, de manera que “a todos pueda llegar el alivio ante el dolor, una mayor calidad de vida y un mayor sentido de esperanza”.

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