“Calumniar te hace familia del diablo…”

EL PAPA: LA FE NO LLEGA POR CORREO, HAY QUE VOLVER A LAS RAÍCES

ACI.- Durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco señaló que es fundamental acoger la palabra de Jesús y no entregarse a la tentación de la calumnia: “Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros, nos hace familia de Jesús. La calumnia destruye la fama de los demás y nos hace familia del diablo”.

La tentación de Jesús, gGrabado de Gustave Doré -1866-

El Pontífice, además, exhortó a estar atentos a las “malas hierbas” de la envidia que puedan surgir en el interior de la persona. “Si examinando nuestra conciencia descubrimos que esta mala hierba ha germinado dentro de nosotros, debemos ir rápidamente a confesarlo en el sacramento de la Penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malignos”.

“Estad atentos, porque esta actitud destruye las familias, las amistades, la comunidad y, por último, la sociedad”.

El Papa recordó que los ataques de los escribas a Jesús, que lo acusaban de endemoniado, se debían a la envidia: “Puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda llevar a acusarlo falsamente. Aquí hay un veneno mortal: la maldad con la que, de forma premeditada, se quiere destruir la buena fama de otro. ¡Dios nos libre de esta terrible tentación!”.

En este sentido, explicó que “los escribas eran hombres instruidos en las Sagradas Escrituras y encargados de explicarlas al pueblo. A algunos de ellos los enviaban desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús comenzaba a difundirse, para desacreditar al Señor ante los ojos de la gente”.

“Estos escribas llegaban con una acusación concreta y terrible: ‘Está poseído por Belcebú y por el príncipe de los demonios expulsa los demonios’. De hecho, Jesús curaba a muchos enfermos, y ellos querían hacer creer que lo hacía no con el Espíritu de Dios, sino con el del Maligno. Con la fuerza del diablo”.


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Ante estas acusaciones de los escribas “Jesús reacciona con palabras fuertes y claras. No tolera esto porque aquellos escribas, quizás sin saberlo, estaban cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar contra el Amor de Dios que está presente en la obra de Jesús. Es el pecado contra el Espíritu Santo, único pecado imperdonable porque parte de una cerrazón del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús”.

Por otro lado, el Evangelio de este domingo presenta también la incomprensión de los familiares de Jesús, que “estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura. De hecho, Él se mostraba tan disponible con la gente, sobre todo con los enfermos y los pecadores, que ni siquiera tenía tiempo para comer”.

“Jesús era así: primero, la gente; servir a la gente, curar a la gente, ayudar a la gente, enseñar a la gente y no tenía tiempo ni para comer”.

Entonces, los familiares de Jesús “habían decidido llevarlo a Nazareth. Llegaron al lugar donde Jesús se encontraba predicando y lo llamaron. Entonces le dijeron: ‘Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’, y mirando a las personas que estaban a su alrededor para escucharlo, añadió: ‘Estos son mi madre y mis hermanos’”.

“Jesús –explicó– Francisco ha formado una nueva familia, no basada en los vínculos naturales, sino en la fe en Él, en su amor que acoge y que nos une entre nosotros en el Espíritu Santo. Todos aquellos que acojan la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre ellos”.

Aquella respuesta de Jesús “no es una falta de respeto hacia su madre y sus familiares. De hecho, para María es el reconocimiento más grande, porque precisamente ella es la perfecta discípula que ha obedecido en todo a la voluntad de Dios. Que la Virgen Madre nos ayude a vivir siempre en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia, regenerando el mundo a una nueva vida”.

 

“La fe no llega por correo”

DOMENICO AGASSO JR.Los cristianos “desmemoriados” no encuentran a Jesús. La memoria cristiana es la sal de la vida: hay que recordad y contemplar los primeros momentos en los que tuvimos que ver con Jesús. Es fundamental volver a las propias raíces para alimentar la fe, que no llega «por correo».

El Papa Francisco lo dijo en la homilía de la misa de hoy, 7 de junio de 2018, por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.

Sin memoria, afirmó el Pontífice, según indicó Vatican News, “no podemos salir adelante”. Es un volver atrás con la memoria para encontrar a Cristo, explica el Papa, “para encontrar fuerzas y poder caminar hacia adelante. La memoria cristiana es siempre un encuentro con Jesucristo”. Cuando encontramos “cristianos ‘desmemoriados’, inmediatamente vemos que han perdido el sabor de la vida cristiana y terminaron siendo personas que cumplen los mandamientos pero sin mística, sin encontrar a Jesucristo. Y a Jesucristo lo debemos encontrar en la vida”, añade.

Son tres las situaciones, aclara Francisco, “en las cuales podemos encontrar a Jesucristo: en los primeros momentos, en nuestros antepasados y en la ley”. La Carta a los Hebreos nos indica cómo hacer: “recuerden los primeros tiempos, cuando apenas habían sido iluminados”, que eran tan fervientes… “Cada uno de nosotros tiene tiempos de encuentro con Jesús”. En nuestra vida los hubo, prosigue el Pontífice, “uno, dos, tres momentos, en los cuales Jesús se acercó, se manifestó. No olviden estos momentos: debemos volver atrás y retomarlos porque son momentos de inspiración, donde nosotros encontramos a Jesucristo”.

“Cada uno de nosotros tiene momentos así: cuando ha encontrado a Jesucristo, cuando ha cambiado vida, cuando el Señor le ha hecho ver la propia vocación, cuando el Señor lo visitó en un momento difícil… Nosotros en el corazón tenemos estos momentos. Busquémoslos. Contemplemos estos momentos. Memoria de aquellos momentos en los cuales yo he encontrado a Jesucristo. Memoria de aquellos momentos en los cuales Jesucristo me ha encontrado. Son la fuente del camino cristiano, la fuente que me dará las fuerzas”. “¿Recuerdo aquellos momentos?”, se pregunta Francisco. “¿Momentos de encuentro con Jesús cuando me cambió la vida, cuando me prometió algo?” Si no los recordamos, busquémoslos. Cada uno de nosotros los tiene.

El segundo encuentro con Jesús, prosigue el Papa, sucede a través de la memoria de los antepasados, que la Carta a los Hebreos llama “vuestros ancianos, aquellos que les han dado la fe”. También Pablo, siempre en la segunda carta a Timoteo, lo exhorta así: “Acuérdate de tu madre y de tu abuela que te han transmitido la fe”. “Nosotros la fe no la hemos recibido por correo”, recuerda el Papa, sino “hombres y mujeres nos han transmitido la fe” y dice la Carta a los Hebreos: “Miren a ellos que son una multitud de testigos y tomen fuerza de ellos, ellos que han sufrido el martirio”.

Siempre cuando el agua de la vida se vuelve turbia, aclara el Papa, “es importante ir a la fuente y encontrar en la fuente la fuerza para seguir adelante. Podemos preguntarnos: ¿yo evoco la memoria de nuestros ancianos, de nuestros antepasados? ¿Yo soy un hombre, una mujer con raíces? ¿O me he vuelto desarraigado y desarraigada? ¿Solamente vivo el presente? Si es así, pedir rápido la gracia de volver a las raíces”, a aquellas personas que nos han transmitido la fe.

Finalmente, la ley que Jesús nos hace recordar en el Evangelio de Marcos. El primer mandamiento es: “Escucha Israel, al Señor nuestro Dios”. “La memoria de la ley. La ley –explica– es un gesto de amor que ha hecho el Señor con nosotros porque nos ha señalado el camino, nos ha dicho: por este camino no te equivocarás. Evocar la memoria de la ley. No la ley fría, aquella que parece simplemente jurídica, no. La ley del amor, la ley que el Señor ha puesto en nuestros corazones”.

“¿Yo soy fiel a la ley, recuerdo la ley, repito la ley? – se pregunta el Papa. Algunas veces nosotros cristianos, también consagrados, tenemos dificultad en repetir a memoria los mandamientos: ‘Sí, sí, los recuerdo’, pero después a un cierto punto me equivoco, no recuerdo”.

“Acordarse de Jesucristo”, concluye Francisco, significa tener la mirada fija en el Señor”, en los momentos de mi vida en los cuales lo he encontrado, momentos de prueba, en mis antepasados y en la ley. Y la memoria “no es solamente un ir hacia atrás. Es ir hacia atrás para ir adelante. Memoria y esperanza van siempre juntas. Son complementarias, y se completan. “Acuérdate de Jesucristo, el Señor que ha venido, ha pagado por mí y que vendrá. El Señor de la memoria, el Señor de la esperanza”.

Cada uno de nosotros, invita finalmente el Papa, “puede hoy tomar algunos minutos para preguntarse” cómo va la memoria de los momentos en los cuales he encontrado al Señor, la memoria de mis antepasados, la memoria de la ley. Y luego, “como va mi esperanza, en qué espera. Que el Señor nos ayude en este trabajo de memoria y de esperanza”.

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