Aurora democrática

ESA ELECCIÓN PUEDE ENCAMINARSE A UNA GENUINA ASAMBLEA CONSTITUYENTE o a un gobierno de transición seguido de elecciones generales.

 

 

Mons. Ovidio Pérez Morales:

Aurora es prenuncio.

Sombra que da paso a la luz.

Motivo de esperanza para el vigía y de júbilo para el caminante.

Abre horizontes e invita a la acción.

 

1.- Hablar de sombras en Venezuela no requiere esfuerzo. Son el sufrimiento cotidiano generalizado: hambre y desnutrición masivas; asesinatos, presos políticos, víctimas de la violencia; tribulaciones de quienes buscan desesperadamente remedios y centros de adecuada atención sanitaria; millones de venezolanos botados de su país por quienes lo han convertido en casa inhabitable; ciudadanos incomunicados por una descarada hegemonía comunicacional; disidentes cruelmente reprimidos; indígenas maltratados y excluidos en sus propias tierras por mafias depredadoras y un voraz arco minero; inflación que evapora ingresos e iguala en empobrecimiento; jóvenes que ven tronchado su futuro; productores frustrados y quebrados por un centralismo estatizante históricamente fracasado; país agobiado por narcorrupción. Raíz y causa fundamental de estos y otros males es el proyecto político-ideológico social-comunista, calificado desde hace años por la Conferencia Episcopal Venezolana de ilegítimo e inconstitucional.

2.- La luz es retomar y agilizar la reconstrucción del país en el sentido simple pero exigente de nuestra carta magna. Esta, no obstante limitaciones y fallas, constituye un marco apto para el funcionamiento del país en preeminencia de los derechos humanos y la democracia, “promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo” y Estado de Derecho, entre otros. Se reclama, y con razón, a los políticos y los partidos de oposición que formulen programas de acción. Creo, sin embargo, que el divulgar concisamente los puntos clave del Preámbulo y los Principios Fundamentales de nuestra Constitución ofrecería una caracterización suficiente de la Venezuela deseable-obligante (¡nuestra historia es abundosa en constituciones, proclamas y programas, pero también en incoherencia fáctica!).

3.- La aurora se insinúa como signo persistente y exige que sepamos interpretarlo. La gran mayoría de los venezolanos quiere un cambio hacia la Venezuela deseable.

Lo demostraron el 6-D, el 16-J, las víctimas de la represión policial, militar y paramilitar este mismo año en calles y avenidas del país, así como los exiliados y presos políticos víctimas de la tiranía.

Los errores, incoherencias y corruptelas en la oposición, al igual que el comprensible aunque injustificado derrotismo de muchos de la sociedad civil, no han apagado el mayoritario fervor de compatriotas que anhelan un cambio y lo apoyan, ya de modo abierto, ya desde un silencio forzado por las amenazas y el chantaje de la política dictatorial totalitaria del régimen (el incremento de la represión va parejo a la debilidad creciente del mismo).

Justifica también una visión esperanzada la manifiesta solidaridad de la comunidad internacional. La fe activa de cristianos y creyentes, así como la convicción humanista de no creyentes, es promesa y primicia de luz.

4.- Cómo apresurar la luz. La actual escalada represiva oficial y su agilización de elecciones tramposas urge forzar una consulta sobre qué hacer con el país a quien es la fuente del poder con carácter originario, constituyente, y al cual se refiere el art. 5 de nuestra Constitución. Es el poder ciudadano completo e inapelable (no absoluto, ciertamente, porque absoluto es solo Dios), que está por encima de gobierno y oposición, de grupos y organizaciones sectoriales. Apelación urgente –pues el hambre y la muerte no esperan– al soberano para que decida mediante voto universal, libre, transparente, respaldado interna e internacionalmente (ONU, OEA…) en cuanto a ejercicio y aceptación. Proceso organizado por un Consejo Nacional Electoral realmente plural e independiente. Esa elección puede encaminarse a una genuina asamblea constituyente o a un gobierno de transición seguido de elecciones generales. La Fuerza Armada no tiene otro deber y futuro que ceñirse a la Constitución y, más allá, a la voluntad de su soberano.

Ante el tsunami de hambre y devastación no cabe seguir con maniobras distractoras, elecciones fraudulentas y paños calientes. ¡Que el soberano decida su camino a seguir! La aurora dará paso a la claridad del dia

 

Mons. Ovidio Pérez Morales

Arzobispo eméritus de Los Teques

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