Amatrice, por sorpresa

LA VISITA DEL PAPA devuelve la atención a la tragedia que vivieron las pequeñas localidades de Amatrice, Accumoli y Arquata y Pescara del Tronto.

 MARÍA SALAS ORAÁ / El Pais .- Los alumnos de la escuela de San Cipriano de Amatrice estaban en sus clases cuando el papa Francisco entró por la puerta del aula pasadas las 9 de la mañana.

Los profesores solo supieron de su llegada cuando el coche en el que viajaba el Papa estaba ya a la entrada del pueblo. Así, por sorpresa, Bergoglio quiso reunirse con las víctimas del terremoto que sacudió el centro de Italia el pasado 24 de agosto y que dejó 297 muertos y más de 2.500 personas sin casa.

Eligió precisamente el 4 de octubre porque es el día de su santo y quería celebrarlo con una visita privada en la que pudiera hablar de forma tranquila con la gente.

Tenía en mente una visita “privada, solo, como sacerdote, como obispo, como Papa, pero solo”, según afirmó el pasado domingo en el vuelo de vuelta de Azerbaiyán. Y lo ha hecho sin programa oficial y sin el habitual aviso a los periodistas, para “estar cerca de la gente”.

En el colegio —una estructura temporal construida en tiempo récord para permitir que los estudiantes puedan seguir las clases—, Francisco ha saludado a alumnos y profesores acompañado del obispo de Rieti, Domenico Pompili.

“No quería provocar molestias, por eso he dejado pasar un poco de tiempo. Estoy aquí simplemente para decir que estoy a vuestro lado y rezo por vosotros. Cercanía y oraciones, esta es mi oferta para vosotros”, dijo el Papa a los escolares. También les transmitió fuerzas para superar la tragedia: “Tenemos que seguir adelante a pesar de que muchos seres queridos nos han dejado. Tenemos que seguir adelante juntos, porque solos es difícil. Ayudaos unos a otros. Se camina mejor juntos”. Las mismas fuerzas transmitió a algunos de los más de 1.400 desplazados que todavía viven en tiendas de campaña en campamentos temporales.

La visita del Papa devuelve la atención a la tragedia que vivieron las pequeñas localidades de Amatrice, Accumoli y Arquata y Pescara del Tronto. La imagen de Bergoglio rezando entre las montañas de escombros dentro de la zona roja recuerdan que los vecinos todavía están a la espera -y lo estarán por mucho tiempo- de volver a sus casas y reconstruir sus pueblos, en los que más de la mitad de los edificios están derrumbados.

Unas mil personas han dejado las tiendas de campaña en los últimos días y están en segundas viviendas, en casas de familiares o en albergues facilitados por las autoridades. Pero ya comenzaron los temidos retrasos. El Gobierno de Matteo Renzi había prometido que al cumplirse un mes del terremoto, el 24 de septiembre, no quedaría gente en los campamentos, pero todavía más de 1.400 personas duermen en tiendas de campaña. El alcalde de Amatrice, Sergio Pirozzi, ha fijado como límite el día de mañana para comenzar a desmontar el resto de tiendas, que no son viables en el invierno en una zona montañosa de mucha lluvia y frío.

Logrado esto, el siguiente paso será instalar casetas prefabricadas —previsto en primavera— mientras se realiza la reconstrucción, que durará unos cinco años. Durante ese tiempo, a los afectados les corresponde una ayuda de 200 euros por persona, con un máximo de 600 euros por familia.

FOTO: Wolfgang Achtner

DOMENICO AGASSO JR. / La Stampa – «No vine antes porque no quería estorbar, pero desde el primer momento sentí la necesidad de estar cerca de ustedes». Papa Francisco lo dijo mientras hablaba con un pequeño micrófono con un altoparlante a las personas que sobrevivieron al terremoto en Amatrice, a donde llegó en compañía del obispo de Rieti, monseñor Domenico Pompili.

El Papa había anunciado que habría visitado a las víctimas del terremoto del pasado 24 de agosto, pero que se materializó sorpresivamente, a dos días de su llegada del viaje apostólico en Georgia y Azerbaiyán. El séquito papal es muy reducido, en relación con las demás visitas, para tratar de estorbar lo menos posible en las zonas devastadas.

Inmediatamente sintió la necesidad de estar cerca de la población afectada por el terremoto, pero la principal preocupación del Pontífice era no crear problemas con su presencia: «Pensé bien en los primeros días de todos estos dolores que mi visita, tal vez, era más un estorbo que una ayuda, que un saludo, y no quería dar fastidio, y por eso dejé pasar un poquito de tiempo, para que se arreglaran algunas cosas, como la escuela. Pero desde el primer momento sentí que tenía que venir a estar con ustedes». Ahora, «estoy aquí simplemente para decir que estoy cerca de ustedes y que rezo por ustedes. Cercanía y oración, esta es mi ofrenda para ustedes. Que el Señor los bendiga a todos ustedes, que la Virgen los cuide en este momento de tristeza, de dolor y de prueba».

Después de la bendición, el Papa quiso rezar el Ave María con las personas presentes: «Salgamos adelante, siempre hay futuro. Hay muchos seres queridos que nos han dejado, que cayeron aquí, bajo los escombros. Recemos a la Virgen por ellos, háganoslo todos juntos. Ver siempre adelante. Adelante, ánimo, y ayudarse los unos a los otros. Se camina mejor juntos, solos no se puede. ¡Adelante!. Gracias».

El Obispo de Roma, justamente el día de la fiesta de San Francisco, llegó con un vehículo Golf. Entró a la escuela provisional que puso en pie la Protección Civil de Trento para expresar su afecto a los alumnos y profesores. Francisco fue recibido por los estudiantes de la primaria y de las secundaria, que le regalaron algunos dibujos. Los abrazó y saludó uno por uno, y se entretuvo con ellos durante unos veinte minutos, escuchando las narraciones de los chicos.

Después de haber saludado a los estudiantes de la escuela, se dirigió a visitar los escombros de la «zona roja» de Amatrice, en compañía del alcalde Sergio Pirozzi y de un pequeño grupo de las fuerzas del orden.

El Pontífice se detuvo, solo y en silencio, ante los escombros para rezar.

Después, al salir de Amatrice, saludó a las personas que se encuentran en la zona de tiendas Amatrice 1, y se dirigió a las localidades de Accumoli y Arquata del Tronto. La gente que pudo estar cerca de él describe sus «calurosas» caricias de ánimo.

La visita fue también una sorpresa para el párroco de Amatrice, don Savino D’Amelio: «Nosotros los sacerdotes no lo sabíamos —afirmó a la Radio Vaticana. Nos dimos cuenta cuando vimos, de repente, un despliegue de periodistas, fotógrafos, camarógrafos… Cuando llegó fue inmediatamente a las tiendas y se encontró con los niños: todo fue verdaderamente bello y significativo». Después, «el obispo de Rieti, Pompili, nos presentó al Papa a todos nosotros los sacerdotes y a los que estaban presentes ahí cerca. Un gesto muy bello e imprevisto, tal y como nos ha acostumbrado el Papa, que nos invitó a todos a rezar. La reacción de la gente fue de gran emoción. Es significativo que haya querido compartir con nosotros justamente el día de su santo, de la fiesta de san Francisco».

Papa Francisco después también hizo una visita a la Residencia Asistencial del San Rafaele en Borbona (Rieti), que acoge a personas no autosuficientes y que no pueden recibir asistencia en sus casas. Estuvo con los 60 pacientes ancianos, la mayor parte de los cuales tuvo que salir de sus casas por el terremoto. Según informó la Sala de prensa vaticana, «los saludó uno por uno, se entretuvo bastante y almorzó con ellos».

Al final del largo viaje a los territorios afectados por el terremoto del 24 de agosto, el Papa podría hacer una etapa en Asís.

El alcalde de Amatrice, Pirozzi, en una entrevista con inBlu Radio (emisora italiana), declaró: «la presencia del Papa es un mensaje importante, trae esperanza y renacimiento. Soy fuerte, pero de vez en cuando la fuerza me falta y una palmada en la espalda ayuda. Esperaré a Francisco en Pascua, porque mi sueño es que ese día ya estén las casas y hayan vuelto a comenzar todas las actividades, un signo importante para esta zona, que ha pagado un tributo muy alto».

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