¿A Dios se le trata de “tú”, o de “usted”?

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

TANTO EL VOS (abreviación de vosotros) como el tú son pronombres personales, y ambos se pueden usar para dirigirnos a Dios. Todo dependerá del idioma o de la lengua. En algunas lenguas –la mayoría– se tutea a Dios (se le da del tú), en otras se vosea a Dios (se le da del vos).

 

HENRY VARGAS HOLGUÍN / Aleteia

¿Por qué se le da a Dios del tu?

1.- Primero que todo porque es una herencia del latín: Sobre todo en las celebraciones litúrgicas que se le da del tú, tanto a Dios como al ministro ordenado que oficia.

2.- En segundo lugar porque también lo vemos en la Biblia. Es más, de la biblia misma aprendemos a relacionarnos con Dios de ésta manera. Recordemos una oración de acción de gracias del profeta Isaías: “Yahvéh, tu eres mi Dios, yo te ensalzo, alabo tu nombre…” (Is 25,1). Y Dios se hace cada vez más íntimo, más personal empleando un tuteo divino: “Porque yo, Yahvéh tu Dios, te tengo asido por la diestra” (Is 41,13a).

En el Nuevo Testamento Jesús ora a Dios Padre, siempre en términos de ‘tú’ (Jn 17), como también se ve en el Padrenuestro. Y Jesús nos ha dicho: “Ora a tu padre que está allí, en lo secreto” (Mt 6,6). Jesús es nuestro maestro aun en este sentido; de manera que si te reconoces hijo(a) de Dios el tuteo mostraría amor y confianza por Él. De aquí se deriva que el tuteo a Dios tiene sus raíces más hondas en las lenguas bíblicas.

3.- En tercer lugar porque desde que Dios se ha encarnado, en la divina persona de Jesús, se ha hecho uno como nosotros, se ha hecho igual a nosotros -menos en el pecado-, se ha hecho cercano, se ha hecho un hermano; por lo anterior y porque se hace cada vez más íntimo podemos darle del tú. La veneración que merece Dios y su santo nombre pide una oración que salga del corazón; una oración que nos exige el deber de portarnos con Él con respeto, sí, pero también con la confianza y el cariño de los amigos que se tutean.

 Ahora bien, una cosa es la lengua que utiliza la Iglesia en su oración litúrgica oficial en cada país para dirigirse a Dios, y otra es la oración personal a solas con Dios. En esta oración personal cada quien utilizará la mejor manera para dirigirse a Dios, la manera con la que sienta más a gusto o crea conveniente u oportuno: o bien la persona ora como ora la Iglesia (dándole a Dios del tú) o bien puede adoptar una u otra forma; no hay inconveniente en ningún sentido.

Incluso el trato de usted, si se quiere; y ésta manera de tratamiento que le podríamos dar a Dios ni es falta de amor, ni de familiaridad, ni de respeto, todo lo contrario. Dios se complace en la oración de sus hijos indiferentemente de las palabras usadas pues se ora más con el corazón que con los labios; de lo contrario corremos el riesgo de que nuestra oración no sea aceptada por Dios (Is 29, 13).

Dios no se molesta si se le da el tratamiento de ‘usted’, pues el uso de este pronombre personal, que alguna persona podría usar al orarle a Dios personalmente, lejos de ser una expresión, por ejemplo, de falta de intimidad o de desconfianza o expresión de distancia –como muchos podrían pensar-, es expresión de sumo respeto, de reverencia, de formalidad, etc.

Es reconocerle a Dios su omnipotencia, magnificencia, inefabilidad, etc., y de consecuencia reconocer nuestra pequeñez, nuestra condición de creaturas dependientes y limitadas. Es recordar que Dios es el Todopoderoso, un ser omnipotente cuya gloria hace que los ángeles tuvieran que cubrir sus rostros ante su presencia (Is 6, 2).

El ‘usted’ no nos debe ‘asustar’ para dirigirnos a Dios, pues antiguamente ya se usaba de alguna manera. Este pronombre personal viene de vusted que a su vez es la contracción de ‘vuestra merced’ o vuestra majestad en el caso de un rey. Y como Jesús es el rey de reyes, con mayor razón se le puede decir a Él o a Dios ‘vuestra divina majestad’ como solía decirle Santa Teresa de Jesús.

El vos, que se usa en algunas lenguas o países, es un punto intermedio entre la confianza de los hijos de Dios con el Padre Dios y el trato de sumo respeto que Él merece y le debemos tributar.

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