2017: Francisco y los gatopardos vaticanos

 

“LA REFORMA de la Curia no es un lifting. No debemos temer a las arrugas, sino a las manchas”

FRANCISCO arremetió contra las “resistencias maliciosas, nacidas de mentes distorsionadas”

EL PAPA reivindica el trabajo realizado y clama por “una auténtica conversión” del aparato curial

FRANCISCO culmina la primera fase de la reestructuración de la Curia con el mensaje más duro de la historia

 

JESÚS BASTANTE / Religion Digital:– Si alguien quería respuestas, aquí van unas cuantas. El Papa Francisco lanzó un duro, durísimo alegato contra algunas “resistencias maliciosas” que vienen de “mentes distorsionadas” auspiciadas “por el diablo”, durante su discurso navideño a la Curia Romana.

Un discurso en el que Bergoglio aprovechó para reivindicar la tarea realizada y para insistir en una docena de “mandamientos” para continuar reformando a la Iglesia.

Unas palabras que fueron escuchadas bajo un silencio impertérrito por parte de los responsables curiales, y que no pasarán desapercibidas a los cuatro cardenales, pero tampoco a aquellos a los que Francisco denominó como ejemplos de “gatopardismo espiritual”: los que aplauden al Papa pero no hacen nada.

Un auténtico toque de atención que vuelve a colocar el centro de la reforma curial no en un cambio de cromos, sino “en una auténtica conversión”.

Francisco entró en la sala Clementina pocos minutos después de las diez y media de la mañana. Allí le esperaba la Curia, capitaneada por el cardenal Sodano quien, como decano del Colegio Cardenalicio, dirigió unas palabras a Francisco, mostrando su “cercanía” al Pontífice.

Se trata de la cuarta ocasión en la que, antes de la Navidad, Bergoglio se reúne con los curiales. Sodano dio las gracias al Papa por el Año de la Misericordia, y recalcó cómo el nacimiento de Jesús “es la primera prueba de la misericordia”.

Sodano agradeció al Papa su empeño por el diálogo interreligioso, así como su trabajo por la paz en Oriente Medio, especialmente en Siria. “Venerado y amado Papa Francisco, deseamos continuar prestando nuestro humilde servicio a usted, como pastor de la Iglesia y como buen samaritano y pastor del mundo”.

Francisco arrancó su largo discurso subrayando que “la Navidad es la fiesta de la humildad amante de Dios”, donde “la lógica divina supera nuestra lógica humana”. Por ello, “en Navidad estamos llamados a decir sí, con nuestra fe, a Dios, que es el humilde amante”.

Desde esa humildad, y diciendo no a “la lógica mundana, del poder, del comando, de la lógica farisea y determinista”, Francisco habló del cuadro de la reforma de la Curia que, como los ejercicios espirituales ignacianos, ha de trabajar en estas claves: “deformata reformare, reformata conformare, conformata confirmare e confirmata transformare”. Un proceso de cambio continuo.

“La Buena Noticia debe ser lanzada a todos, especialmente a los pobres, humildes y descartados, conforme a los signos de los tiempos y estando atentos a los hombres y mujeres de hoy”, señaló el Papa, quien recordó que la Curia tiene, entre otros fines, “colaborar al ministerio del sucesor de Pedro, para sostener al Romano Pontífice en su labor ordinaria, plena y universal”.

“Siendo la curia un aparato que no es inmóvil, la reforma es un signo de la Iglesia en camino, en peregrinación. Una Iglesia viviente, y por esto, porque vive, siempre reformándose. Se reforma porque está viva. La reforma es un proceso de crecimiento y conversión”, recordó Bergoglio, quien añadió que la reforma  no es un fin estético, ni puede ser entendida como un lifting, y menos como una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas”. Porque “no debemos temer a las arrugas, sino a las manchas.

En este punto, el Papa insistió en que “la reforma será eficaz solo si se actúa con hombre renovados, y no simplemente con nuevos hombres”. “No basta con cambiar el personal, que habrá que hacerlo, sino con la conversión de personas. No basta con la formación permanente. Hace falta una conversión y purificación permanente. Sin el cambio de mentalidad, los esfuerzos son en vano”.

En este punto, Francisco recordó cómo, en las ocasiones precedentes, denunció las “enfermedades” de la Curia. Hoy explicó por qué. “Era necesario hablar e enfermedades y curas, porque es imprescindible el diagnóstico, el análisis y la prescripción”, y entre ellas, de los distintos tipos de resistencias.

En prime lugar,  la resistencia abierta, que nace de la buena voluntad y del diálogo sincero.

En segundo término,  las resistencias ocultas, que nacen de corazones petrificados que se alimentan de las palabras vacías, del ‘gatopardismo espiritual’ de quien dice verbalmente que está dispuesto a cambiar, pero quieren que todo siga como antes.

Y, finalmente,una resistencia maliciosa, que nace de mentes distorsionadas y que se da cuando el diablo inspira malas intenciones, a menudo con piel de cordero”. “Este último tipo de resistencia -declaró el Papa- se esconde detrás de las palabras de justificación y, en muchas ocasiones, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, las apariencias, los trámites, en lo conocido o en su deseo de llevarlo todo a lo personal, sin distinguir entre el acto, el actor o la acción.

Esto no quiere decir que no se pueda criticar, más bien al contrario. Y es que “la ausencia de reacción es un signo de muerte. Una buena resistencia es necesaria y merece ser escuchada, aceptada y animo a expresarla. Es una señal de que todo el cuerpo está vivo”.

“Todo esto quiere decir -afirmó- que la reforma de la Curia es un proceso delicado que debe ser vivido con fidelidad a lo esencial, con un continuo discernimiento, con valentía evangélica, con la sabiduría eclesial, con la escucha atenta, con medidas duras, con silencio positivo, con firmes decisiones, y con mucha oración, mucha oración, con profunda humildad, con visión clara, con pasos concretos hacia adelante y – cuando sea necesario – incluso con retrocesos, con voluntad decidida, con vitalidad vibrante, con la autoridad responsable, con la obediencia incondicional ; pero en primer lugar con la entrega de la guía segura del Espíritu Santo, confiando en Su apoyo necesario”. Y no con tácticas secretistas o denuncias formales o amenazas de cisma.

Tras la declaración de intenciones, el Papa trazó los doce “criterios-guía” para la reforma de la Iglesia.

Son los siguientes:

1.- Individualidad: “conversión personal”, sin la que será posible cualquier reforma. “La verdadera reforma es la de los hombres. La conversión personal soporta y refuerza la comunitaria. Una sola persona puede hacer tanto bien a todo el cuerpo, o dañarlo mucho”.

2.- Pastoralidad: conversión pastoral. “Imagen del pastor, siendo la Curia una comunidad de servicio, estamos llamados al ejemplo de Dios, el buen pastor, plenamente renovados a nuestra misión. Aunque en nuestros ambientes de trabajo podamos trabajar un fuerte sentido pastoral. Que ninguno se sienta maltratado y todos puedan experimentar la cura del buen pastor”. “El empeño de todo el personal de la Curia debe ser animado por un servicio de comunión, antídoto contra la vana ambición y la rivalidad”, recalcó el Papa.

3.- Misionariedad: o “Cristocentrismo”. Aquí, Francisco pidió “dinamismo evangelizador”, pues “sin lealtad de la Iglesia a la propia vocación, se corrompe en poco tiempo”.

4.- Racionalidad: “Todos los dicasterios son jurídicamente parejos entre ellos, resultaba necesaria una reestructuración. Las competencias deben ser respetadas y distribuidas con racionalidad y eficacia… Ningún dicasterio puede atribuirse la competencia de otro”.

5.- Funcionalidad: “El eventual agrupamiento de dicasterios en uno único sirve para dar al nuevo una relevancia mayor, y la interacción ayuda a una mayor funcionalidad. Requiere la revisión continua de los roles y de la responsabilidad del personal”

6.- Modernidad o aggiornamento: “escuchar los signos de los tiempos. Que los dicasterios de la Curia se adapten a las necesidades de la Iglesia universal”.

7.- Sobriedad: “Es necesaria una simplificación en los elementos de la curia, simplificación de los dicasterios. Eventuales supresiones de oficios que no son necesarios, o reducción de las comisiones, academias, etc… todo en vista de la sobriedad”.

8.- Subsidiariedad: o “reordenamiento de competencias específicas de los dicasterios” para alcanzar una interconexión en el servicio. “Resulta necesario el respeto entre las diversas competencias, para que esa sea la ayuda inmediata del Papa”. Será la Secretaría de Estado, añadió, quien avalará esta unidad, interdependencia y coordinación.

9.- Sinodalidad: “El trabajo de la curia debe ser sinodal (…) La sinodalidad debe ser vista en el interior de cada dicasterio, dando mayor frecuencia a las sesiones ordinarias. Se ha de evitar la fragmentación, que puede venir por varios factores”.

10.- Catolicidad: “La Curia debe asumir a personal procedente de todo el mundo, diáconos permanentes, laicos y laicas, sobre la base de la vida espiritual y moral y su competencia profesionales. Acceso a un número mayor de fieles laicos, especialmente donde pueden ser más competentes que los clérigos o consagrados. De gran importancia es el valor de la mujer y el laico en la vida de la Iglesia, con una particular atención a la multiculturalidad”.

11.- Profesionalidad: “Es indispensable que cada dicasterio adopte una política de formación permanente para evitar caer en la rutina del funcionariado. La otra parte es acabar con la práctica del “promoveatur et removeatur” esto es un cáncer”.

12.- Gradualidad: discernimiento. “Un cambio de tiempo y de etapa. En este caso no se trata de indecisión, sino de la flexibilidad necesaria para poder hacer una verdadera reforma”.

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